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Sábado de churros

Desperté en una habitación que no era la mía. Tampoco el niño que lloraba junto a la puerta era mi hijo. Llevaba en la mano una botella que no le correspondía, y parecía haberse meado encima.

– Joder, Antonio, ¿otra vez dejaste el whisky en la mesa?

Su pregunta retumbó áspera en mi resaca. Saltó de la cama decidida, desnuda. Le arrancó el JB de su pequeño puño y lo llevó a regañadientes al baño. No necesitaba una respuesta que yo tampoco le podía dar. Desde la tibieza de las sábanas sólo podía recomponer la historia que contaban un condón a medio usar en el suelo, junto a mi juego de llaves y mis pantalones. Más allá de la puerta, oscuridad. Miré el móvil, al parecer dejó de recibir llamadas a las dos.

– Ya es de día, ¿no deberías irte?

Su silueta se fundía con el marco de la puerta. Se había puesto un pantalón de chándal que me era familiar. Viejísimo, estrenado en el instituto, le seguía sentando bien. Acepté la tentación del cenicero junto a la cama, saqué un aplastado paquete de cigarrillos de mi arrugada camisa y se lo ofrecí. Fumamos dos en silencio, sumergidos en el humo mientras sus uñas se arrastraban sobre mi cabeza.

Al vestirme, saqué doscientos euros del bolsillo y los dejé en la mesa.

– No soy tu puta.

– Déjame ayudaros.

– Si lo ves, le dices que me debe tres meses. Quédate tu dinero para tu hipoteca.

Su orgullo seguía intacto, pero antes de echarme me correspondió con un largo beso mientras su mano incursionaba en mi bolsillo también para devolverme los billetes. Antes de salir dejé el tabaco junto a la entrada.

De camino a casa, además de pastas compré chocolate y churros, para conllevar el sábado. Cuando abrí la puerta y lo olieron corrieron a abrazarse a mis piernas.

– Ya han desayunado. – se oyó desde la cocina.

– Cariño, es sábado.

Las manos de ella casi rozaron mis codos, y sus labios apenas se acercaron a mi mejilla antes de mandarme a la ducha. Al salir, junto a mi tazón había agua y un ibuprofeno.

– Hoy comíamos con mis padres, ¿te acuerdas?

– Sí, he comprado unas pastas.

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